Hace un par de semanas, al pasar por un escaparate de "El corte Ingles”, me fijé y vi una impresionante decoración navideña. Pensé: “¡No fastidies, queda mas de un mes!” Pero luego recapacité y recordé que este tipo de industrias no perdona.
Esto me dió que pensar. ¿Hasta cuando va a durar esta pantomima montada en torno a la navidad y los regalos? ¿Hasta que punto ha llegado el consumismo? ¿Se detendrá en algún momento, o va a ir a mas?
Me asusté. Hemos llegado a un extremo de ansia por comprar y comprar, que todo evento conmemorativo de algo ha perdido todo valor: navidad, día de la madre, del padre, San Valentín, cumpleaños… Solo pensamos en comprar un regalo mas caro que el de la última vez, y si no lo logramos, no estamos satisfechos. Nos hemos convertido en seres auténticamente superficiales.
El verdadero significado e hitoria de la navidad ya sabemos cual era, el religioso, celebrar el nacimiento de Jesucristo, pero junto con la sociedad y sus valores, fue evolucionando en unos días para pasarlos con la familia, y disfrutar de la compañía de los nuestros. Hasta aquí se puede aceptar. Pero siguió evolucionando, hasta convertirse en la época de consumo e hipocresía del año por excelencia. Nos reunimos con la gente a la que no nos molestamos en llamar en
todo el año, saludamos a ese vecino con el que ni nos hablamos, somos mas amables con esas personas a las que no soportamos… Que cambio mas curioso. Y el 8 de enero, todo vuelve a la normalidad. Ni llamadas, ni saludos ni nada del estilo. Procuramos ser educados y caritativos solo para sentirnos bien con nosotros mismos.
Que queréis que diga, con un gesto, ayuda o regalo que se me haga un día puntual, no se consigue mi aprecio, puesto que cosas como la amistad, buena relación, el antes mencionado aprecio, cariño… no se consiguen un dos semanas ni con un regalo, sino que hay que trabajarlas día a día. En caso a contrario, a la basura.
Fdo: Maitane Zuloaga

Escribe un comentario